¿Qué significa la anexión israelí de los Altos del Golán?

MOISÉS GARDUÑO GARCÍA

El reconocimiento de Donald Trump de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán es ilegal de acuerdo con la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 1981. También la Unión Europea ha declarado unilateralmente que “no secunda dicho reconocimiento estadounidense”. A su vez, Rusia ha mostrado su preocupación por dicha decisión al decir que “el acto pone en riesgo la seguridad en la zona”. Mientras tanto, China ha anunciado categóricamente que el Golán es oficialmente un territorio ocupado. Y aunque es notorio que el Golán es importante por su ubicación estratégica para maniobras militares y por los recursos hídricos que representan el 30% del agua potable que se consume en Israel, lo preocupante es que el reconocimiento soberano de este territorio tiene serias consecuencias a nivel local, regional e internacional.

En primer lugar, al reconocimiento del Golán se suman otras acciones percibidas por la esfera pública estadounidense como “actos irresponsables” que, más que considerarse como bases para un acuerdo de paz en el Medio Oriente, ahora son vistas como obstáculo a la estabilidad de la zona. El traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, la salida de Estados Unidos e Israel de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, el recorte de fondos para la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo y la crítica situación en Gaza tras los acontecimientos de la “Marcha del Retorno” son evidencias que ayudan a entender cómo el 50% de los estadounidenses ya se pronuncia a favor de un Estado palestino en Gaza y Cisjordania, esto de acuerdo con la encuesta más reciente del Grupo Gallup de 2019.

Por otro lado, aunque aquellas acciones están orientadas a satisfacer las bases electorales de Trump y Benjamin Netanyahu respectivamente, la situación del Golán se debe estudiar particularmente en el contexto de las elecciones israelíes del 9 abril de 2019. De hecho, se puede decir que Trump es sumamente popular en Israel. El reconocimiento de un Golán israelí se produjo para apoyar directamente la campaña de Netanyahu y del Partido Likud, pues en las calles de Tel Aviv se pudieron apreciar espectaculares con fotografías de ambos mandatarios consintiendo lemas electorales como “la anexión de Cisjordania”, “Israel es solo para los judíos”, “ojo por ojo en Gaza” o “nosotros o ellos”, entre otros eslóganes similares que constituyen un claro lenguaje sectario que intenta desviar la atención de temas centrales como las acusaciones por corrupción, fraude y abuso de confianza que enfrenta el primer ministro israelí en un contexto político desfavorable para él y para su corriente política, y en una estrategia parecida a la que implementa Donald Trump en la política interna estadounidense.

Sin embargo, la anexión del Golán tiene otros elementos más allá de lo electoral. Un segundo elemento explicativo del movimiento de Trump tiene que ver con el balance de poder creado en Siria tras la creciente influencia rusa e iraní, particularmente en la zona de Quneitra, al sur del país, donde han tenido lugar varios enfrentamientos entre israelíes y sirios desde diciembre de 2018, justo después de la aparente retirada de Irán y Hezbolá de la zona. El reconocimiento de un Golán israelí, con apoyo estadounidense y en la figura de una zona colchón, podría ser el movimiento estratégico paralelo a lo que Turquía está buscando en el norte de Siria a través de un área de 32 kilómetros destinada a expulsar a las milicias kurdas de las Unidades de Protección Popular fuera de la frontera con Ankara, a crear una administración civil y unas fuerzas de seguridad locales bajo su control, y a utilizar el territorio dentro de dicha zona para reasentar a aproximadamente tres millones de refugiados sirios que se encuentran actualmente en Turquía. Tal zona también le daría a Ankara más influencia sobre el régimen de Bashar al Assad y crearía un balance demográfico frente a la ingeniería social que intenta producir Irán en Alepo.

Los Altos del Golán han sido objeto de diversas estrategias de despojo entre las que se encuentran el desplazamiento de cerca de 130 000 personas.

Otro factor importante es que el reconocimiento de Trump de un Golán israelí sembró un alarmante precedente para que Israel pueda anexarse la zona C de Cisjordania en el mediano plazo, en un acto consecuente con la política de hechos consumados que Israel ha seguido desde 1967 y con la cual ha ido consolidando su poder político y militar en los territorios palestinos ocupados. En efecto, al igual que ha ocurrido en Cisjordania, los Altos del Golán han sido objeto de diversas estrategias de despojo entre las que se encuentran el desplazamiento de cerca de 130 000 personas, la implementación de al menos catorce leyes de vivienda doméstica que discriminan a los árabes y un aproximado de 1570 órdenes de demolición que provocaron que cerca del 95% de las tierras sirias de la zona fueran expropiadas. Hoy existen más de treinta asentamientos ilegales que han provocado cambios en el paisaje, en la cultura y en la economía del área, lo que ha coadyuvado a la erosión de la identidad árabe del territorio para dar preferencia a una población de aproximadamente veintitrés mil colonos que se asumen como israelíes los cuales, además, se benefician de los recursos naturales de la zona y de la explotación turística de las montañas. De acuerdo con el Centro Árabe para los Derechos Humanos de los Altos del Golán, desde 2009, los ingresos de Israel provenientes de la agricultura producida en el Golán ascienden a aproximadamente 500 millones de shekels (143 millones de dólares estadounidenses), produciendo el 41% de la lana, el 28% de los huevos y el 6% de la leche que se comercia en el mercado israelí.

El acto de Trump es susceptible de repetirse posteriormente en el área C de Cisjordania en una proyección que avanza paralelamente a la implementación de leyes discriminatorias en Israel, tales como la ley anti terrorista y la denominada ley stop and frisk, ambas de 2016, las cuales fortalecen y amplían sustancialmente los poderes de la policía y los Servicios de Seguridad General para reprimir las actividades de protesta legítimas de los ciudadanos palestinos o para detener a sospechosos de cometer un acto delictivo únicamente por su apariencia, esto sin mencionar la polémica ley de nacionalidad israelí de 2018 que consagra a Israel como un “Estado judío” y que ha ocasionado una gran polémica en el debate público nacional por la prevalencia de la condición judía por encima de cualquier pluralidad democrática.

Así, con Gaza siendo intervenida al tiempo de escribir estas notas, con al menos 290 palestinos (56 niños) y 14 israelíes (un niño) asesinados en 2018, las ambiciones de Trump y Netanyahu en el Golán deben estudiarse a la luz de las ambiciones ruso-turco-iraníes en el norte de Siria, y de las ambiciones históricas que Siria ha tenido en Líbano, dejando siempre al final de la ecuación a los palestinos. Con lo anterior, no solo se legitima a Israel como un Estado cuyas fronteras siguen en expansión, sino que también se está creando un nuevo orden regional basado en la fuerza y ​​la arrogancia de Trump y Netanyahu, y no en la justicia. Esta es una combinación peligrosa que está forjando el camino ideal para presentar lo que Jared Kushner ha denominado como “el acuerdo del siglo” una de las cartas que ha causado una alta expectativa del gobierno de Trump.

Finalmente, vale la pena reiterar que la suma de todos estos factores podría proporcionar a Irán y a Hezbolá una razón más para mantener su presencia militar en Siria, a pesar de la retórica que defiende que todos los grupos terroristas han sido derrotados en este país. Con esto, es altamente probable que Turquía haga lo propio en el norte sirio, alentando a los llamados “movimientos de resistencia” alrededor de la región a actuar contra la ocupación israelí en el Golán para que Tel Aviv se enfrente a presiones simultáneas desde varios frentes, lo que será difícil de tratar con eficacia estratégica para Tel Aviv. Como tal, si bien la decisión de Trump de reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán podría haber sido una victoria política para el primer ministro israelí, podría volverse un problema estratégico en el largo plazo.

MOISÉS GARDUÑO GARCÍA es doctor en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid y maestro en Estudios de Asia y África con especialidad en el Medio Oriente por El Colegio de México. Es profesor de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) de México. En 2018 fue acreedor al reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de docencia en Ciencias Sociales que otorga la UNAM, y actualmente es coordinador del proyecto de investigación PAPIITIN305119 “Justicia social y sectarismo en el Medio Oriente del siglo XXI”. Sígalo en Twitter en @Moises_Garduno.

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