El entierro del faraón Rubalcaba y la casta de los amos

El faraónico entierro de Rubalcaba ha sido un error vergonzoso de la casta, que ha abierto los ojos y causado indignación a millones de españoles, sorprendidos ante la magnitud de la arrogancia y el descaro de los políticos, que ya ni siquiera cuidan las formas. 

Hasta el rey Fernando VII, felón y traidor tiene monumentos y gloria, solo porque perteneció a la casta de los amos.

Hasta el rey Fernando VII, felón y traidor tiene monumentos y gloria, solo porque perteneció a la casta de los amos.


Estos políticos españoles no se han pasado tres sino treinta pueblos con el sepelio de Rubalcaba. Estas pompas fúnebres, dignas de un faraón, han sido aprovechadas para hacer campaña electoral y son desmesuradas para un señor cuyo mayor mérito es que sirvió a su partido. La exhibición de poder y boato organizada pone de relieve que España es injusta y miserable, en la vida y en la muerte, con sus ciudadanos. Hay muchos héroes anónimos que sostienen a España, producen, trabajan con tesón y crean negocios y empresas que dan empleo y riqueza a muchas familias, a los que en lugar de rendir homenaje España acosa con desprecio, burocracia e impuestos abusivos, sin reconocimiento y señalándolos como piratas aprovechados. 

Pedro Sánchez, que ni siquiera se hablaba con Rubalcaba, un político que, como el resto de la vieja guardia del PSOE, le despreciaba por sus pactos con los más desleales enemigos de España, ha aprovechado el sepelio para hacer campaña electoral, de manera exagerada, demostrando su feroz pragmatismo, pareciendo que en lugar de enterrarlo le abría un proceso de canonización. 
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La gran enseñanza del entierro de Rubalcaba es que España es un país vergonzosamente dominado y subyugado por esa raza de nuevos amos que son los políticos. Hay demasiados signos en la muerte y despedida de Rubalcaba que demuestran que España es un país podrido y secuestrado por una clase política llena de indecencia, cuyos miembros se han transformado en los nuevos amos del país. Cuando se muera Amancio Ortega, un español con cien veces más valor y mérito que Rubalcaba, creador de un imperio comercial que se extiende por todo el mundo y que da trabajo a decenas de miles de españoles, veremos su entierro austero, sin reyes, sin boato, sin gastos del Estado, sin medios de comunicación rastreros haciendo la ola al poder, solo porque el gran empresario gallego no ha sido miembro de la casta política española. 

Los políticos son corporativos y se defienden unos a otros como hacen las castas privilegiadas. Todos han participado en la orgía de poder organizada, excepto VOX. Ya ni siquiera cuidan las formas y avasallan cada vez que actúan. El papel de la Casa Real, con los reyes eméritos y los reyes reinantes presentes en el entierro del faraón, el papel rastrero y desequilibrado de los medíos de comunicación, que han utilizado el féretro para reforzar la campaña socialista, han sido especialmente criticables, desproporcionados e impropios de una democracia moderna. 

Los políticos se apoyan entre sí y se protegen, teniendo siempre presente que deben amedrentar al pueblo con ostentaciones sobrecogedoras de poder y autoridad. Son una casta que cada día trata peor a su pueblo. 

Millones de españoles están hartos de ver el país lleno de calles con nombres de políticos, de políticos millonarios tratados como héroes, cuando ni siquiera pueden explicar de dónde han sacado el dinero, de aparcamientos en los mejores sitios de las ciudades reservados para políticos y de monumentos de políticos. Nadie se indigna ante la injusticia que representa que existan millones de españoles con más méritos y grandeza que esas manadas de políticos mediocres con poder a los que ni se les reconoce, ni se les paga como merecen: médicos, escritores, investigadores, inventores, ingenieros, empresarios y miles de héroes generosos, todos anónimos y casi siempre maltratados. 

El fastuoso entierro de Rubalcaba ha servido para que los españoles comprendamos que los políticos son ya los dueños absolutos de España, la casta de los nuevos amos que ha dejado de servir al pueblo y al bien común para cuidar sólo de su engrandecimiento y poder. 

Miles de políticos mediocres, muchos de ellos corruptos y malos gobernantes, tienen su nombre en una calle, plaza, rotonda o polideportivo. Baste como ejemplo Francisco Silvela, que fue uno de los más nefastos gobernantes de España, cuyo nombre identifica una calle importante en Madrid, como homenaje a sus miserias y errores. 

A Alfredo Pérez Rubalcaba deberían haberlo dejado morir en paz y enterrarlo con dignidad discreta, en lugar de organizarle un sepelio faraónico que nos obliga a los demócratas a escudriñar en sus vida para descubrir si merece o no todo ese costoso boato de Estado. En las redes se dice que él que fue el hombre que mentía con más sinceridad de ESPAÑA, el impulsor de los GAL, el que el 11 M fue capaz de echar a la sociedad a la calle, con 200 muertos, contra el gobierno, no contra los terroristas, y el que siendo ministro del interior mandó a la policía avisar a los jefes de ETA de que en Francia les iban a detener. Pero los socialistas, con la complicidad de los demás políticos y de los medios, lo exaltan como un gran “hombre de Estado”, “un ejemplo a seguir” y “un referente”. 

Los que le han enterrado como si fuera un faraón no han respetado su “adiós”. Las manipulaciones de los políticos han turbado su descanso y han provocado que la verdad cruda pugne por salir. Hasta hemos podido leer en las redes frases tan duras como “Más que Dios le guarde, que Dios se guarde de él”. 

También se puede leer que fue el forjador de aquella frase “España se merece un gobierno que no les mienta”, pero él ha sido sepultado rodeado de mentiras y exageraciones, después de formar parte del mentiroso gobierno de Zapatero y del PSOE, el partido que más y mejor ha mentido en España. 

Cuando abrazamos la democracia, después de la muerte del dictador Franco, todos creímos que tendríamos un sistema decente, justo y digno, pero nos han engañado. Ni en sueños se pudo imaginar lo que nos ha caído encima: los políticos se han erigido en dueños y señores de toda España y los ciudadanos hemos sido reducidos al nivel de lacayos, de criados que, además, les pagamos sus sueldos y privilegios con el dinero que ellos mismos nos arrebatan en esta democracia falseada. 

Francisco Rubiales

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