La mariconización del hombre occidental

(El año de publicación original de este artículo es el 2003. Las referencias y modelos políticos han quedado obsoletos y muy pasados de rosca. Está claro que el bueno de Kim Du Toit, autor de “Dejemos que África se vaya a la mierda“, se tomó demasiado en serio a un puñado de neocons y mariconservadores como George Bush Jr. y su equipo. No eran los salvadores del país, la civilización y la raza. Por lo demás, el artículo es excelente, imperecedero. Eterno. N. del T.)

The Pussification Of The Western Male

Kim du Toit, 2003

Nos hemos convertido en un país de mujercitas.

No siempre fue así, por supuesto. Hubo una época en la que los hombres firmaban documentos sabiendo que ese simple acto resultaría en su ejecución si les capturasen y en la confiscación de todas sus propiedades por el Estado. Sus mujeres e hijos serían expulsados por los soldados y sus granjas y negocios entregadas a gente que no hubiera firmado ese documento.

Hubo una época en la que los hombres corrían hacia una muerte segura diciendo “Bien, os podéis ir a la mierda, yo me voy a Texas” como respondió Davy Crockett en el Congreso antes de marchar hacia El Alamo

Hubo una época en la que los hombres iban a la guerra. A veces contra sus propias familias, para que otros hombres pudieran ser más libres. Y también hubo épocas en las que los hombres iban a la guerra porque reconocían el mal en el enemigo y sabían que tenía que ser destruido.

Hubo incluso una época en la que el presidente de los Estados Unidos amenazó con darle un puñetazo en la cara y una patada den los cojones a un tipo porque el hombre tuvo la temeridad de decir que la hija del presidente cantaba mal.

Ya no somos así.

Ahora a los niños en el colegio les suspenden por jugar a indios y vaqueros o policías y ladrones. O cualquier otra variación de “buenos VS malos” que les ayuden a aprender desde pequeños cómo funciona eso de que te persigan hombres decentes porque has roto la ley.

Ahora, a los hombres les enseñan que la violencia es mala. Que si un ladrón entra en tu casa o te amenaza en la calle, la manera de tratar con él es “darle lo que quiere” en lugar de coger una fusta y cruzarle la cara o pegarle un tiro ahí mismo.

Ahora la moda masculina no es ir de traje y chaleco, sino de un tío con tetas llevando un jersey apretado.

Ahora los cañones de las armas llevan una etiqueta de advertencia, como si los hombres se hubieran olvidado de que las armas son algo peligroso

Ahora a los hombres les dan Ritalin cuando son niños para que su agresividad natural, su curiosidad y su energía infinita pueda ser controlada, en lugar de nutrida y canalizada.

Y, por último, nuestro presidente, que resulta que ha sido piloto de combate, aterriza en un portaaviones vestido con traje de vuelo. Inmediatamente es tachado de “chulo”, que “va de macho” y, por supuesto, el insulto favorito de los mariquitas de la UE, “cowboy”. Por supuesto, se sabía que se iba a conseguir esa impresión, sobre todo de la prensa europea, ya que allí están a punto de completar su proceso de mariconización.

¿Cómo hemos llegado hasta esto?

Para empezar hay que entender que los EEUU son primero y, sobre todo, una cultura dominada por una figura, La Madre. No siempre fue así, hubo una época en la que El Padre mandaba en casa, trabajaba en su puesto y votaba.

Pero en el siglo XX las mujeres se metieron cada vez más en la política, en la industria y en los medios. Y casi siempre, para mal.

Cuando las mujeres consiguieron el voto, empezó a ser inevitable que el gobierno se hiciese cada vez más poderoso, más entrometido y más “protector”. Las mujeres están hechas así, para valorar la seguridad más que la incertidumbre y el peligro. Era por tanto inevitable que la influencia femenina en la política iba a fomentar la seguridad de la sociedad.

Soy consciente del enfado que esto que afirmo va a provocar. Y no me importa una mierda.

Lo que me importa es el hecho de que desde el inicio del siglo XX, ha habido una campaña orquestada para denigrar a los hombres. A reducirlos a figuras cómicas. A tratarlos como impotentes metafóricamente hablando.

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Voy a ilustrar esto hablando de la televisión, porque la televisión es un termómetro perfecto para nuestra cultura.

En los años 50, la figura de El Padre en la TV era la de un tipo adorable, simple pero no simplón. Seguía siendo el que ponía la comida en la mesa y era la fuente de autoridad. Esa frase de “¡Espérate a que llegue papá a casa!” nos suena de algo.

Y entonces llegó el anuncio de Cheerios.

Para aquellos que no hayan visto esta mierda, voy a contarlo de memoria porque es el epítome de todo lo que odio de la campaña para amariconarnos. La escena empieza en la mesa del desayuno, donde dos chicos están sentados a la mesa con Papá mientras Mamá prepara las cosas en la encimera de la cocina. El diálogo era algo así.

Niña pequeña (no niño pequeño): Papá, ¿por qué comemos Cheerios?

Papá: Porque contienen mucha fibra y muchas cosas buenas para el corazón. Los como por eso.

NP: ¿Siempre comías cosas malas para el corazón, papá?

P: (risas) Lo hacía hasta encontrar a tu madre

Mamá: (ninguna risa) Papá hacía un montón de tonterías antes de encontrar a tu madre

Ahora cada vez que veo ese anuncio, me tengo que contener para no disparar a la TV con un Colt del .45. Si quieres un microcosmos de como los hombres han llegado a ser menos que hombres, ese es el ejemplo perfecto.

Lo que Papá tendría que haberle respondido a la niña favorita de Mamá es “Sí, Sally, es cierto. Hice un montón de estupideces antes de encontrar a tu madre. Incluso me follé a la tía Ruth un par de veces antes de conocer a tu madre”

Eso es lo que hubiera dicho yo si alguna vez mi esposa hubiera intentado castrarme delante de mis hijos así.

Pero no es lo que los hombres suelen hacer, por supuesto. Lo que va a hacer este tipo es sonreír lamentablemente, acabarse sus cereales y luego pirarse a follarse a la secretaria que no intenta cortarle los cojones a diario. Luego, cuando el asunto se descubra, la gente se dedicará a apoyar a la puta castrante de su mujer y a decirle de todo al hombre. Él perderá la custodia de sus hijos y ellos serán criados y educados por la figura definitiva a la hora de despertar simpatías en este mundo de hoy; la madre soltera.

¿Sabes qué? Que muchas mujeres se merecen ser madres solteras.

Cuando empecé esta web, mi propósito principal era meterme con la estupidez de nuestra sociedad.

Porque tengo un punto de vista sobre lo que constituye bueno y malo. Y no tengo problema en decir que Bill Clinton es un puto mentiroso y un hipócrita.

Pero sobre todo hago esta web porque me encanta ser un hombre. Entre otras cosas hablo de armas, de autodefensa, de política, de mujeres guapas, de deportes, de guerras y de herramientas. De todas las cosas que significan ser un hombre. Y todas estas cosas me hacen sentir bien.

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No hace falta ser muy listo para ver que todas las cosas que amo están en el punto de mira. Por ejemplo cuando la gracia que tiene para la comedia Tim Allen acaba siendo reducida a una puta sitcom llamada Home Improvement. El show debería de haberse llamado Man improvementporque todo el argumento iba de hacer a un hombre “mejor persona” en lugar de dejarle sólo reparando su coche de carreras antiguo en el garage. Dejé de ver la serie después de cuatro capítulos.

The Man Show era mejor al menos la primera temporada. Hombres mirando mujeres, hombres molestando por ahí con juegos machistas, competiciones de beber cerveza y mujeres saltando de trampolines. Un material excelente, sólo que no lo suficientemente fuerte. Ya no lo veo tampoco, es demasiado plano y la idea ha sido subvertida por afeminados y convertida en una parodia de sí misma.

Y al final llegamos al programa de TV que en mi mente personifica todo lo malo de aquello en lo que nos hemos convertido. Lo ponen en el homo canal Bravo. Este excremento ha irrumpido en la cultura popular tanto que lo único que le ha llevado la contraria ha sido ese maravilloso episodio de South Park donde destruyen el programa de lo malo que es.

Lo siento, pero la premisa del show me da náuseas. Un puñado de homosexuales pretendiendo mejorar a hombres normales,  es decir, más aceptables para las mujeres. Le cambian la ropa, la decoración de casa, la música…Me cago en la puta, ¿qué tipo de hombre permite que estos amanerados piratas del culo le trastoquen la vida?

Sí, los hombres son por lo general, unos putos guarros desordenados. La última vez que eché un vistazo, eso era lo normal. Los hombres son guarros y desordenados y eso sólo cambia cuando las mujeres tratan de civilizarles con el matrimonio. Es el orden natural de las cosas.

¿Sabes la definición de homosexual que usábamos en Chicago? Hombres con perritos que vivían en apartamentos muy limpios y ordenados.

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Los hombres de verdad por otra parte tienen perros malos. Bull terriers, rottweilers, rhodesian ridgebacks o cualquier otro pero de faena como pointers o retrievers con los que se va a cazar y que se muerden todo el mobiliario.

Las mujeres tienen perritos falderos.

Por eso las mujeres pretenden prohibir las peleas de perros o gallos. Prohibirían el boxeo también si pudieran, porque es cruel y malvado. Ni de coña, Shirley. Coño, odio la idea de las peleas de perros también, pero no tengo problema con los hombres que lo hacen. Los perros y los gallos pelean. También los hombres. No es ninguna sorpresa que tengamos afinidad por ello.

Mi página web se ha hecho bastante popular entre hombres, y al principio me sorprendió bastante, porque no pensé que estuviera haciendo nada especial.

No es lo que pienso ahora. Deben de haberme escrito ya más de 5000 hombres para decirme cosas como “Sí, estoy de acuerdo. Me molestó mucho cuando leí sobre INSERTE ABERRACIÓN PROGRESISTA AL GUSTO y pensé que era el único”.

No. No estás solo. Ni lo estoy yo.

Ahí fuera hay un montón de hombres que están cansados del tema. Estamos cansados de que se nos convierta en objetivos para el ridículo y la risa. De tener hombres afeminados en la prensa. De que los ejecutivos de publicidad y las estrellas de cine decidan lo que es ser un hombre. De las mujeres que nos tratan como niños….Y muy hartos de los políticos nenazas que le ríen las gracias a las mujeres creando leyes para un Estado Niñera. Normas para todo, el equivalente al Ritalin en la educación pública, para evitar que cacemos, corramos con el coche o la moto, fumemos, liguemos con mujeres en el trabajo, nos metamos en peleas por mujeres, disparemos a criminales y hagamos todas esas cosas que vienen con ser un hombre.

Cuando se permitió que Annika Sorenstam jugase en un torneo de golf AGP masculino, todos los hombres deberían de haberse negado a jugar. El único que lo hizo fue Vijay Singh. El único que tuvo cojones de mantenerse en su sitio y respetar sus principios, y fue linchado mediáticamente por ser un machista. Estupideces. No era un machista, era un hombre. El resto de jugadores, Woods, Mickelson y los demás, son mujercitas en comparación Y no hace falta decir que Vijay no es americano ni europeo. Por eso probablemente aún tiene dos cojones entre sus piernas y no colgando de una pared como trofeo para su esposa.

A la mierda. Estoy harto de esto.

No sé por qué tengo que aguantar estas estupideces más tiempo. No sé por qué algún hombre debería aguantar estas mierdas más tiempo.

No sé por qué los hombres deberían de ser más femeninos excepto que hemos permitido que pase. ¿Y sabes por qué permitimos que esto pase? Porque es mucho más fácil así. Por desgracia ya hemos ido demasiado lejos y nuestra hombría se ha amariconado tanto que no puede ser descrito con pocas palabras.

En este punto, podría ir de dos maneras. La primera sería decir que no sé si conseguiremos salir de ésta. El proceso está ya muy fortalecido, el momento de los hombres feminizados forma parte ya del tejido social y no hay mucho que podamos hacer.

Pero no voy a hacerlo. Citando a John Belushi, que era un hombre de verdad y no una puta mujer…“¿Acaso nos rendimos cuando los alemanes bombardearon Pearl Harbour?”

Pues bien, no me voy a rendir. Que les jodan. Una de las características de los hombres no amariconados (y esto debería de infundir miedo en el corazón de las mujeres y de los hombres amariconados) es que no se rinde sólo porque las posibilidades parezcan estar abrumadoramente en contra. Omaha Beach, muchachos.

Quiero un hombre de verdad como presidente, no a Al Gore que tuvo que contratar a un asesor para que le enseñase como ser un Macho Alfa y tambein tuvo que besar a su mujer en directo en TV para demostrar al mundo que era un hombre, cuando sabemos que ningún hombre de verdad tiene que hacer esa mierda patética.

Y quiero a nuestro presidente rodeado de otros Hombres de Verdad como Rumsfeld, Ashcroft y sí, Condolezza, que es más hombre que esos lameculos de Colin Powell y Norman Mineta

Quiero que nuestro gobierno sea más como Papá. Amable. Atento. Pero sin piedad para castigar cuando la jodemos en lugar de ayudarnos para justificar nuestras acciones.

Quiero que nuestro gobierno de hombres de verdad haga retroceder al Estado Niñera y a su horrible costumbre de sobreprotegernos, de meterse en nuestra vida y de leyes tipo “mamá sabe lo que te conviene”.

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Quiero que nuestra cultura sea más masculina y no de la forma satírica que aparecía enThe Man Show o las caricaturas de Stallone, Van Damme o Schwarzenegger. Aviso a los ejecutivos de Hollywood; aborrecemos las películas de chicas sobre sentimientos y relaciones y todas esas historias femeninas. Queremos más John Waynes, Robert Mitchums, Bruce Willises y Clint Eastwoods. No importa que esto sea simplista…nos gusta lo simple, somos simples, somos hombres. Nuestras vidas no son complicadas y nos gusta así. We Were Soldiers era una gran película ¿y sabes porqué? Porque podrías quitar todas las partes donde sale alguna mujer y seguiría siendo una buena película porque era sobre Hombres de Verdad. Quita todas las partes con mujeres de una película de Woody Allen y te quedarán sólo los títulos de crédito.

Quiero que nuestra literatura sea más masculina y menos femenina. Un hombre no debería comprar libros de autoayuda a menos que sea de mecánica para coches, de mejorar en el golf o de desarmar una Browning. No nos mejoramos a nosotros mismos, mejoramos nuestras cosas.

Y finalmente, quiero que los hombres vuelvan a ser Hombres de Verdad. Que sostengan la puerta a las mujeres, conduzcan coches rápidos, fumen puros después de las comidas, se emborrachen de vez en cuando y que en palabras del Coronel Jeff Cooper, uno de los ultimos Hombres de Verdad, “Cabalguen, disparen recto y digan siempre la verdad“.

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En todos los sentidos de la palabra. Sabemos lo que la palabra SER significa.

Porque eso es lo que ser un Hombre de Verdad implica. No tienes que convertirte en una caricatura tampoco. No hay que lapidar a las mujeres como esos musulmanes, tampoco estoy sugiriendo que apoyemos esa perversión de Hombre de Verdad que son los artistas del gangsta rap. Esos putos maricones durarían 30 segundos contra un par de auténticos tipos duros que conozco.

Hablando de rap, ¿quieres saber por qué más blancos compran esa mierda que negros? ¿Sabías que las violaciones supuestamente son un gran problema en los campus universitarios?* ¿Por qué beber hasta caerse es un asunto feo entre los universitarios más jóvenes?

Es una reacción. Una reacción que que te amariconen. Y la comprendo por completo. Los hombres jóvenes son agresivos, a menudo pelean entre ellos mismos, son destructivos y todo esto pasa por un motivo.

Porque sólo los hombres fuertes acaban reproduciéndose.

Y las mujeres lo saben. ¿Sabes por qué sé que esto es cierto? Porque los hombres poderosos siempre atraen mujeres. Las mujeres, incluso las progres, se echaban encima de George Bush en su uniforme de piloto de la marina. Donald Trump sigue teniendo acceso a algunos de los mejores coños disponibles a pesar de parecer una gárgola de la Edad Media. Donald Rumsfeld si quisera se podría follar al 90% de las mujeres de más de 50 años y a una buena parte de las más jóvenes.

Y lo no hará porque Rummy ha estado casado con la misma mujer 50 años y no va a perderla por echar uno rapidito. Es un hombre de verdad y no es casualidad que los de la Unión Europea le odien y le teman.

Lo mejor que podemos hacer es conseguir más como él. Mejor aún, ser más como él porque si no, los hombres acabarán siendo una nota a pie de página en la Historia.

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