Millones de hombres sufren mutilación genital, otra realidad silenciada.

En España se habla mucho, muchísimo sobre  la mutilación genital femenina y se proponen oportunas medidas para evitarla, pero nadie se preocupa, ni ocupa, de la mutilación genital masculina.

Quizás tú, apreciado lector, consideres la circuncisión masculina como un mal menor, como un pequeño trámite sanitario trivial que no merece mayor atención. Esperamos que reconsideres tu postura, si conseguimos captar tu atención y que leas este texto completo.

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Por cada niña mutilada, son mutilados siete niños varones. Esto significa que prácticamente todos los niños varones que llegan a España desde África, han sido mutilados genitalmente, lo serán en nuestro país o viajarán a su país de origen para que sean circuncidados.

En todos los países donde se practican mutilaciones genitales femeninas también se practican las circuncisiones masculinas; pero no a la inversa, prueba de ello son los EE UU, Israel y casi la totalidad de los países árabes. Sólo en Egipto y en los países del África Subsahariana se mutila genitalmente a niños de ambos sexos.

En los países occidentales, supuestamente civilizados, existe una doble moral que lleva a prohibir la mutilación femenina y a permitir la masculina.

Aproximadamente un tercio de los hombres en todo el mundo están circuncidados, mayoritariamente por razones religiosas o culturales. La práctica consiste en la amputación total o parcial de la piel, llamada prepucio, que recubre el glande o cabeza del pene.

Los historiadores hablan de que, posiblemente, esta práctica surgió como parte de los ritos de purificación de los antiguos egipcios, y de ahí pasó a las religiones monoteístas abrahámicas y otras tribus africanas influidas por éstas. En las religiones y culturas en las que se practica la circuncisión, la mutilación genital tiene un significado de rito de paso de la niñez a la edad adulta, o rito de fertilidad, o una medida de supuesta higiene en climas donde escasea el agua, o un sacrificio ritual de sangre, como parece ser que era entre los pueblos prehispánicos de las Américas.

Para los judíos la circuncisión ritual o brit milá (literalmente “Pacto de quitar el prepucio”) supone un ritual parecido al bautismo cristiano, mediante el cual el hijo varón entra a formar parte de la comunidad judía cuando han transcurrido ocho días de su nacimiento, renovando el pacto que, supuestamente, Abraham hizo con Dios cuando entregó el anillo de piel que cubría el pene de su hijo Isaac (Génesis 17:1, 9-14, 23-27).

La mutilación la puede llevar a cabo cualquier varón pío entrenado como mohel o circuncidador, sin que requiera formación como médico cirujano plástico, urólogo o andrólogo. Esta irregularidad lleva al hecho de que más veces de las que se cree, el mohel succione la sangre del pene herido del bebé.

Entre los musulmanes la circuncisión se se llama al-jitan en árabe, o también tahara (“purificación”) y es una práctica igualmente extendida, aunque no suele efectuarse antes de los siete u ocho años de edad; para los mahometanos es un rito parecido al de la primera comunión o a la confirmación de los cristianos católicos. Aunque su enraizamiento en la religión islámica no es tan evidente, más allá de la referencia genérica a Abraham, padre de Ismael, la práctica parece tener raigambre preislámica en la península arábiga, y su extensión entre los musulmanes se debe a la expansión del Islam desde Arabia. Igualmente que entre los judíos, se realiza por parte de personas entrenadas, y generalmente sin formación médica, ni material quirúrgico apropiado.

Aproximadamente, el 75% de los adultos estadounidenses está circuncidado. Se producen más de un millón de estas intervenciones al año, o sea, una cada tres segundos. Se trata del procedimiento quirúrgico más frecuente en los Estados Unidos, una industria que factura  varios cientos millones de dólares al año solo por este procedimiento innecesario.

No obstante, según la Canadian Paediatric Asociation, la necesidad de circuncisiones por razones médicas en una población normal es tan solo de un 1%, siempre en casos de afecciones como la fimosis, la balanopostitis crónica o las hipospadias.

En junio de 2012 un tribunal de Alemania determinó que la circuncisión era dañina para los menores y constituía una violación de los derechos del niño

En diciembre de 2016, la Asociación Médica de Dinamarca afirmó con rotundidad que, la circuncisión en los niños sanos es éticamente inaceptable cuando la persona es sometida al procedimiento sin su consentimiento informado, máxime cuando se trata de menores.

A nadie, al menos en el mundo civilizado occidental, se le escapa que la práctica de la circuncisión presenta problemas éticos: en primer lugar, contradice el principio de no dañar, contenido en el juramento hipocrático y, en segundo, entra en conflicto con una serie de convenciones internacionales, especialmente con la Declaración de los Derechos del Niño de la ONU, en vigencia desde 1990.

La retirada del prepucio de un pene sano, según la mayoría de asociaciones médicas e investigaciones científicas, está lejos de ser una práctica inocua o promotora de la higiene, de la fecundidad o de la salud sexual. Hay que desmontar la falsa creencia de que la circuncisión protege contra enfermedades de transmisión sexual como el virus del papiloma humano causante de cáncer de pene o de cuello uterino o, menos aún, de la transmisión del VIH.

Se trata de un procedimiento irreversible que elimina terminaciones nerviosas y, por tanto, la sensibilidad masculina en el área

Sus principales riesgos son la hemorragia, que puede ser mortal si se complica con una hemofilia no diagnosticada, o la infección de la herida, lo que supone un riesgo innecesario en un recién nacido, más teniendo en cuenta que la práctica religiosa se realiza sin medidas de esterilización o anestesia local.

La operación es una amputación de una parte sensible y erógena de la sexualidad masculina, lo que supone causar un dolor cruel, innecesario y gratuito a un menor indefenso. Se trata de un procedimiento irreversible que elimina terminaciones nerviosas y, por tanto, la sensibilidad masculina en el área. Lejos de ser algo feo, sucio o que dificulte la higiene, el prepucio cumple una serie de importantes funciones en la protección natural del pene, en la copulación y, por tanto, en la salud reproductiva, que no deben obviarse.

La circuncisión no aporta ningún beneficio para la salud y sí muchos riesgos. La circuncisión desnuda, incapacita e insensibiliza el pene, que sufre una queratinización del glande (aparición de piel seca, cuarteada y recubierta de escamas que recuerdan a los peces), lo que puede causar relaciones sexuales dolorosas, problemas de disfunción eréctil o un estrechamiento patológico de la salida de la uretra en un 5-20% de los circuncidados.

La circuncisión no terapéutica atenta contra los derechos humanos de los niños y, concretamente, contra los derechos sexuales y reproductivos de los varones

Su prohibición, más que un atentado contra la libertad religiosa, supone una garantía para la libertad de conciencia de los individuos menores de edad. Aunque los padres tengan derecho a educar a sus hijos en los valores que consideren oportunos, no tienen derecho a mutilarlos en nombre de una religión que los menores no han elegido o de unos tabúes sexuales acientíficos, máxime sin su consentimiento informado. Los derechos de la infancia y de los individuos deben estar por encima de cualquier supuesto derecho colectivo a adoctrinar o mutilar a menores.

¿POR QUÉ SE ACABÓ GENERALIZANDO LA CIRCUNCISIÓN, LA MUTILACIÓN GENITAL MASCULINA EN LOS EEUU Y DEMÁS PAÍSES ANGLOSAJONES?

    A finales del siglo XIX en el Reino Unido y en EE UU estaban muy preocupados por la existencia de la masturbación, este supuesto “mal”, era nombrado como masturbatory insanity, se pensaba que podía ser la causa de enfermedades como el comportamiento neurótico, la epilepsia, e incluso la rebeldía de los adolescentes.

La mejor solución propuesta para “curar el mal de la masturbación” fue  la circuncisión y empezó a aplicarse de forma indiscriminada fundamentalmente a los hombres. Este es el origen de la circuncisión en los países de habla inglesa, aunque más adelante la operación era justificada por razones higiénicas.

    Durante el siglo XX el porcentaje de hombres a los que se les había practicado la circuncisión fue aumentando progresivamente tanto en EE UU como en el Reino Unido, también en Australia y en Canadá. A principios de los años 70 alcanzó el máximo en EE UU, llegando a ser operada más del 90% de la población masculina.

    La circuncisión se hacía con la creencia de que era totalmente inocua y pensando en la única e inconsistente razón de la higiene. Se llegó a considerar algo tan trivial como un corte de pelo, se realizaba a las pocas horas de nacer, sin anestesia, porque no estaba indicado, despreciando el dolor que producía al recién nacido, que hoy es sabido que sufre y mucho, puesto que el bebé tiene una percepción y una memoria del dolor muy desarrolladas. Incluso hay estudios que apuntan que los cambios hormonales y bioquímicos que se detectan durante esta operación se corresponden con aquéllos detectados durante episodios de tortura. 

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    A finales de los años 50 se empezó a considerar que los mismos motivos higiénicos podían ser aplicados a las mujeres para realizar la operación equivalente y así se hizo, pero en muy pocos casos, y no de una manera generalizada al nacer como en el caso de los hombres, de modo que el problema de la circuncisión apenas afectó de forma global a las mujeres. Hay constancia de que existen mujeres circuncidadas en esta época, pero no hay un registro fiable de su número.

    Actualmente la circuncisión está en retroceso, pero todavía es realizada al 60% de los niños estadounidenses, en Australia el porcentaje ha disminuido drásticamente, siendo inferior al 7%.

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El caso del Reino Unido es diferente, si bien inicialmente el avance de la circuncisión fue similar, allí empezó a retroceder debido a la opinión de la comunidad médica británica, que difería de la norteamericana, y hoy es muy infrecuente, aunque todavía se realizan más mutilaciones que en el resto de Europa. Los médicos británicos se dieron cuenta rápidamente de lo innecesaria que era la circuncisión generalizada de los hombres. Tanto la British Medical Association como la American Association of Pediatricians (A.A.P.) empezaron a recomendar la circuncisión estrictamente por razones médicas.

    La política actual de la A.A.P. –EEUU- desaconseja la circuncisión generalizada debido a que de ella apenas se derivan beneficios para la persona mutilada genitalmente, y a los enormes riesgos existentes. La última palabra deben tenerla los padres, y en caso de que se opte por realizarla, se hará con anestesia.

    EFECTOS SECUNDARIOS

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    Hoy, la comunidad científica no tiene duda alguna de que, la circuncisión afecta a la función sexual, y que ocasiona pérdida de sensibilidad pues, es precisamente en el trozo de piel que se amputa, en el que  existe mayor concentración de terminaciones nerviosas, además de que se pueden dar otros muchos problemas y complicaciones. Algunas de las consecuencias físicas son: falta de movilidad de la piel durante la erección, queratinización, que consiste en el desarrollo de capas de piel extra que provocan sequedad y falta de sensibilidad como consecuencia de la falta de protección por la ausencia de la mucosa y el permanente contacto con el aire. Esta sequedad puede producir abrasión y sangrado durante el acto sexual, “puentes de piel” que es el desarrollo de trozos de piel que conectan el glande con el resto de la piel del pene y produce dolor durante la erección. Otros efectos colaterales son daños estéticos, como variaciones de pigmentación y curvatura del pene durante la erección.

    La circuncisión por tanto es una MUTILACIÓN que implica la pérdida de una estructura sensitiva y afecta a la función  sexual.

  Existe un grave riesgo cuando se lleva a cabo una mutilación genital, a un hombre o a una mujer, por pequeña que sea: son muchas las ocasiones en las que, la operación la realiza personal no cualificado y sin las medidas sanitarias adecuadas. Se suelen presentar problemas que, afectan a la salud, como infecciones y hemorragias, y lo más grave de todos es que, muchas veces se acaba muriendo la persona mutilada; la muerte es precisamente lo que está ocurriendo en muchos de los países donde se realizan las mutilaciones rituales.

    CONCLUSIONES

    Dado que el problema numéricamente afecta mucho más a los niños que a las niñas, aunque la mutilación en niñas es de características más graves, y teniendo en cuenta que se estima que cada año se ven afectados 13 millones niños frente a 2 millones a niñas; la conclusión es que mueren muchos más niños que niñas debido a las insalubres condiciones en que se practican estas operaciones.

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    Sin embargo el feminismo, ha sabido transmitir la idea contraria, apoyándose en el hecho de que la mutilación de las niñas en los casos más extremos, es mucho más agresiva. Es por ello que los países occidentales solamente tienen en cuenta las mutilaciones genitales femeninas y sólo realizan campañas para evitar la mutilación de las niñas, a la vez que consienten, miran para otro lado y se ponen a silbar respecto de las que son víctimas los niños varones.

Es hora ya de reconocer las agresiones que sufren los hombres, a gran escala como es el caso de las mutilaciones genitales. La única razón por la que en ninguna parte del mundo se ha decidido parar esta monstruosidad es porque las víctimas son hombres, la mitad de la población que, desgraciadamente no está organizada para luchar por sus derechos.

No podemos terminar sin destacar que todas las personas tienen derecho a preservar su integridad física, y que cualquier tipo de mutilación, no recomendada por motivos médicos, como las mutilaciones rituales, debería estar sencillamente fuera de la Ley, ser considera un delito y ser duramente castigada.

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    Esperemos que algún día, a no mucho tardar, la supuestamente civilizada sociedad occidental llegue a tener en cuenta todo lo que aquí narramos.

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