Una nueva muestra de insensatez palestina. Julian Schvindlerman

Julián Schvindlerman - Una nueva muestra de insensatez palestina
El presidente de la Autoridad Palestina, M. Abás I Archivo

¿Por qué no fueron los líderes palestinos a Bahréin?Porque están enamorados de su causa presente más que de su Estado futuro. Porque priorizan sus reclamos nacionales más que las necesidades económicas de su pueblo. Porque la racionalidad, la moderación, la concesión y el pragmatismo hace décadas que se esfumaron –si es que alguna vez existieron– del cálculo político del liderazgo palestino.

“Decimos que los derechos nacionales no son bienes raíces que se compran y venden, y que llegar a una solución política que garantice la libertad, la dignidad, la independencia y la justicia para nuestra gente debe preceder a cualquier programa o proyecto económico, porque eso creará estabilidad y seguridad para todos “, aseguró el presidente palestino, Mahmud Abás. “Por esa razón, el Estado de Palestina no participó en el taller estadounidense que tuvo lugar en Manama”, añadió.

Bueno, el “Estado de Palestina” no existe como tal. Ese encuentro convocado por la Administración Trump –que reunió a siete países árabes y fue promocionado bajo la consigna de “Paz hacia la Prosperidad”– puede ser visto como un primer paso hacia la estadidad palestina, precisamente. Pero el liderazgo palestino prefirió verlo como un soborno contra sus aspiraciones nacionales.

“El potencial económico de Palestina sólo se puede lograr poniendo fin a la ocupación israelí, respetando el derecho internacional y las resoluciones de la ONU”, declaró Saeb Erekat, el alto funcionario a cargo del Departamento palestino de Asuntos de Negociación. “Bajo la cobertura de esta participación, los Estados Unidos están tratando de crear soluciones fuera del ámbito de la legitimidad internacional que restan valor a los legítimos derechos nacionales del pueblo palestino”, acotó. El histórico negociador palestino Nabil Shaath afirmó: “Para el equipo de Trump, la reunión de Manama representa una etapa estratégica en sus esfuerzos por socavar tanto el derecho internacional como los derechos inalienables del pueblo palestino… No puede haber prosperidad sin libertad”. Fatah, la principal facción política palestina, que además preside Abás, dijo que quienes asistieran a la conferencia serían considerados traidores. Intimidado, el sector privado de la economía palestina capituló. Como informó el periodista árabe Jaled Abu Toameh, la Federación Palestina de Asociaciones Empresariales, la Federación Palestina de Industrias, el Foro de Mujeres Empresarias de Palestina, el Centro de Comercio Palestino, la Federación de Cámaras Palestinas de Comercio, Industria y Agricultura y la Cámara de Comercio Palestino-Americana optaron por no asistir al Taller Económico promovido por los Estados Unidos. Fatah también llamó a los árabes a realizar manifestaciones frente a las embajadas de Bahréin en sus países. Por cierto, una muchedumbre atacó la representación diplomática de Bahréin en Irak.

¿De qué modo ayuda este boicot palestino a la economía y a la política palestinas? Sólo Abás y sus colaboradores han de saberlo. Washington propuso lanzar un fondo de cincuenta mil millones de dólares, de los cuales más de la mitad estarían destinados a fomentar la economía palestina (la otra mitad fue asignada a Egipto, Jordania y el Líbano), pero la AP lo repudió. Es bastante sorprendente, especialmente al considerar que el Gobierno palestino viene pidiendo a las naciones árabes aportes de cien millones de dólares mensuales para el sostenimiento de su economía, y que desde los Acuerdos de Oslo lleva un cuarto de siglo básicamente viviendo de dádivas mundiales, siendo en términos per cápita el pueblo palestino el más asistido económicamente desde el Plan Marshall.

En lo relativo a las relaciones bilaterales con Israel, la AP ha mostrado similar miopía. Por un tiempo ya, Ramala ha estado rechazando la devolución impositiva que Israel debe realizarle por los impuestos que cobra a los trabajadores palestinos en Israel. ¿La razón? Jerusalem objeta la política oficial palestina bajo la cual recompensa monetariamente a los terroristas que matan o hieren a israelíes y brinda asignaciones materiales a los familiares de los terroristas encarcelados. Por años, el Gobierno israelí toleró esta situación, inmoral bajo cualquier estándar objetivo. Hace poco decidió deducir de esas transferencias el monto equivalente a los pagos que la AP da a los asesinos de israelíes, equivalente a un 6% del total. Ofendida en sus elevados principios, la AP ha estado declinando aceptar la totalidad de dichas transferencias. En otras palabras, el presidente Abás ha estado rechazando el 94% de los pagos israelíes porque éstos se niegan a financiar una política remunerativa de quienes anhelan matarlos. La Unión Europea y varios Estados árabes ofrecieron compensar el déficit con contribuciones propias (una postura escandalosa en sí misma) pero Ramala descartó ambos ofrecimientos igualmente. Quiere que Israel le pague.

Según cifras provistas por las organizaciones Palestinian Media Watch y el Jerusalem Center for Public Affairs, los salarios a terroristas oscilaban en 2017 entre 400 y 3.500 dólares por mes, y se pagan durante la condena de cárcel en Israel del perpetrador (a las familias de quienes mueren en el intento, la AP les da otros beneficios). Tal como señaló la analista israelí Evelyn Gordon, las cifras en el extremo superior del rango son el tipo de salarios con los que la mayoría de los empleados palestinos ni siquiera puede empezar a soñar. “En resumen”, indicó Gordon, “la Autoridad Palestina ha hecho al terrorismo mucho más lucrativo que al trabajo productivo”. Cabe agregar que cuanto mayor la condena, mayor la compensación económica. Como la condena está vinculada al crimen, esto significa que el Gobierno palestino recompensa más a quienes logran matar israelíes que a aquellos que simplemente los hieren o intentan hacerlo. El año pasado, las “asignaciones por terrorista” representaron el 7% del presupuesto anual de la AP (aproximadamente 360 millones de dólares sobre cinco mil millones). En promedio, un millón por día. Cada día del año. Una política generosa con los resistentes, considerando las tasas de desempleo del año pasado en Cisjordania (18%) y Gaza (52%).

Pero se pone peor. Pocas semanas atrás trascendió que mientras se estaban recortando los salarios de los empleados públicos en un 50%, el Gabinete palestino se autoconcedió en secreto un aumento salarial del 67% en 2017, retroactivo al 2014. Así, los salarios mensuales de los ministros del Gobierno palestino aumentaron de 3.000 a 5.000 dólares, en tanto que el salario del primer ministro se elevó a 6.000. En comparación, la mayoría de los trabajadores palestinos ganan entre 700 y 1.000 dólares al mes. La indignación pública precipitó la anulación de esos aumentos. El presidente Abás no llama a elecciones nacionales desde hace catorce años a sabiendas de que posiblemente no las ganaría.

En resumidas cuentas, estos casos –el boicot al encuentro económico regional en Bahréin, el rechazo a las transferencias impositivas parciales israelíes y los premios salariales oficiales– echan luz sobre un liderazgo palestino obsesionado con su causa nacional, indiferente a la situación económica de su pueblo, desafiante ante las naciones árabes que lo patrocinan y prepotente ante una potencia global que busca recaudar fondos multimillonarios para los palestinos. Si Abás y sus colaboradores insisten en atrincherarse en estas posturas insensatas, no conseguirán el favor de su pueblo ni una economía sustentable, y menos aún un Estado independiente.

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