La España vacía.

La España vaciada
La España vaciada, el último que cierre la puerta

PEDRO DE HOYOS

Solo en 15 de las 50 provincias españolas hay más niños que jubilados. El resto está condenado a ser un desierto sin que nuestros políticos, preocupados ahora por sus pactos (¿Con quién, cuándo y dónde pactamos para asegurarnos más votos?), hagan caso a un tema absolutamente crucial.

Busque, amigo lector, un mapa nocturno de España sacado desde un satélite. Verán una rosquilla luminosa, todas las costas, con un punto gordo en el centro, Madrid. Que la población se concentre tan desequilibradamente no parece un problema. Que haya ciudades de cuatro millones de habitantes no parece peligroso ni incómodo, que haya pueblos de cuarenta habitantes no parece mal presagio.

Pero a los pueblos de cincuenta habitantes hay que llevarles el correo. Y al médico. Tal vez una hora un día a la semana. Y al único niño hay que pagarle trasporte y comedor en la escuela del pueblo grande. Es una España que muere. No, no voy a hablar de la cultura popular que muere con ella. De las tradiciones que desaparecen. No me quiero poner romántico, sólo (sí, con tilde) práctico. Tienen derecho a vivir allí. A ser atendidos por el Estado. A no tener que dejar su casa para encontrar un trabajo. A tener médico y pediatra y farmacia a su disposición.

Hay una España que muere y otra que no la deja vivir. Hay una España resignada que calla y se deja ir. Y hay unos gobiernos que aceptan la situación con indiferencia. Todos. Y la España que muere tiene derecho a las mismas atenciones del Estado que la otra. Hay una España, sobre todo castellana y aragonesa, exangüe y de ella se alimenta una España costera, rica y egoísta. Hay una España que tiene derecho a todo y no recibe nada porque alguien ha decidido que las inversiones han de ir a los ricos. Hay una España que emigró, dejó su tierra y lamenta su infortunio sin capacidad de cambiar su suerte. Con la indiferencia de quienes tienen que tomas las decisiones. Malditos.

Hay una España donde no nacen niños porque no hay juventud, porque no hay médicos, porque no hay pediatras, porque no hay escuelas, porque no hay trabajo, porque no hay futuro. Y nuestros políticos están enredados en las fotos electorales, Como si la muerte de una nación entera no tuviera importancia.

En la España vaciada necesitamos inversiones del gobierno, con igualdad de trato, con justicia, con reequilibrio social, mejorando nuestras comunicaciones, fijando población con empresas y trabajo, evitando la hemorragia de españoles, evitando los desequilibrios territoriales, evitando que las montañas, que la meseta, mueran. De inacción, claro.

Y usted, urbanita que me está leyendo, ¿no cree que viviría mejor atendido, con más calidad de vida, con más vida, con más seguridad, sin perder media vida en trasportes, si hubiera encontrado trabajo en la tierra de sus padres?

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