Hombres maltratados: una realidad incómoda, oculta y silenciada. Paz Velasco de la Fuente

“La violencia sexual, racial, de género y otras formas de discriminación en la cultura no pueden ser eliminadas sin cambiar la cultura”.

Charlotte Bunch.

Todo maltrato y toda violencia es condenable y punible. Contrariamente a lo que en la actualidad nos quieren hacer creer, no hay un sexo bueno y un sexo malo: la maldad, el odio, la envidia, la bondad, el buen juicio e incluso la estupidez la tenemos hombres y mujeres, aunque no siempre de modo equitativo. En España tenemos la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de protección Integral contra la Violencia de Género (LIDVG) que “sexualiza” la violencia y los malos tratos diferenciándose de modo expreso dos tipos de violencia atendiendo a si el sujeto activo es hombre o mujer: la violencia de género (VG) y la violencia doméstica (VD) llegándose a castigar penalmente de manera diferente el mismo delito dependiendo del sexo del victimario[1]. Estamos no solo ante una discriminación positiva[2] aceptada por el legislador, sino también ante la vulneración del Artículo 14 de nuestra CE, que recoge un derecho fundamental: la igualdad de todos ante la ley. Sin embargo la Sentencia del TC 59/2008 de 14 de mayo[3], no considera que exista tal vulneración ni que la LIDVG sea inconstitucional argumentando:

  • “[…]Las altísimas cifras en torno a la frecuencia de una grave criminalidad que tiene por víctima a la mujer por agente que es o fue su pareja”.
  • “[…] Esta frecuencia constituye un primer aval de razonabilidad de la estrategia penal del legislador de tratar de compensar esta lesividad con la mayor prevención que puede procurar una elevación de la pena”.

Lo que nos está diciendo el TC es que la mujer debe ser objeto de una tutela penal reforzada, porque hay más víctimas femeninas, porque una mayor pena para el hombre “compensa” (¿?) esta lesividad y porque una pena más alta previene la VG (me temo que LIDVG ha hecho justo lo contrario). Lo que yo creo es que la LIVDG pone de manifiesto la subordinación de la mujer respecto al hombre así como la idea de la especial vulnerabilidad de la mujer, a la que hay que tutelar de un modo especial.

Los hombres maltratados existen, están a nuestro lado. Son nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos, nuestro jefe o el vecino que siempre te sujeta la puerta a las 8 de la mañana al salir de casa. No estamos ante una nueva moda, ni ante un “invento social” ni mucho menos ante un símbolo. El hombre es agredido física, psicológica, económica e incluso sexualmente siendo el más frecuente el maltrato psicológico y verbal. A los hombres las mujeres (y por supuestos sus parejas masculinas, que parece que este tema es aún más secreto que el Área 51) los lesionan con insultos y ofensas que aluden a su sexualidad, minimizando así su masculinidad y a su capacidad intelectual haciéndoles sentir unos inútiles.

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Tenemos que tener claro que el maltrato ejercido sobre los hombres es más sutil, menos visible, porque el maltrato emocional y económico no deja huellas físicas que valorar ni enseñar a un forense o a un miembro de los CCFFSS. Las formas más habituales de maltrato hacia los hombres son las siguientes:

  • La humillación ante terceros y ante los propios hijos.
  • El aislamiento familiar y social del hombre.
  • El abuso económico.
  • Los celos infundados hacia él respondiendo con conductas violentas.
  • La indiferencia afectiva por parte de su pareja en la intimidad y ante terceros.
  • Evitar que mantenga vínculos afectivos con sus hijos.
  • La violencia física.

Un hombre maltratado es una VÍCTIMA no un masoquista ni un calzonazos. Los hombres no denuncian por tres razones: prejuicios, vergüenza y miedo (Velasco de la Fuente, 2016). Temen ser expuestos ante la sociedad como sujetos sometidos a una mujer porque esto se interpreta como una señal de debilidad del “hombre” hecho que puede poner en entredicho su masculinidad/virilidad y dar una imagen de hombre débil e incapaz de valerse por sí mismo. Y su mayor miedo, no es solo verse sometido en muchas ocasiones al chantaje emocional de su pareja en el que ella juega a negarle ver a sus hijos si denuncia, o apartarlos de él utilizando diferentes estrategias sino que el peor temor es ser denunciado falsamente por su pareja o expareja alegando falsas conductas de VG hacia ella.

Actualmente en nuestra sociedad, no existe la visión del hombre maltratado, porque histórica, social y culturalmente se mantiene el estereotipo femenino que identifica a la mujer con un ser frágil, tierno, cariñoso, sumiso y sensible considerándose que son incapaces de llevar a cabo conductas delictivas etiquetadas de “masculinas”. Pero las mujeres maltratan a sus hijos e incluso llegan a matarlos (un 70% de las muertes de niños en nuestro país es a manos de sus madres), maltratan a ancianos y personas a su cuidado y maltratan a los hombres. Además hemos de añadir el problema de que la violencia que afecta al sexo masculino ha sido y es poco estudiada[4], considerándose de escasa relevancia social hecho que minimiza aún más el problema de los malos tratos que estos hombres invisibles sufren en su vida familiar.

Los hombres víctimas de la llamada (VD) constituyen un colectivo al que se ofrecen muy limitados recursos, para hacer frente a sus procesos de desvictimización; se considera en el imaginario social y, lo que es más grave, también en el pensamiento profesional, que el varón es agresor y la mujer solo puede ser víctima (Redondo y Echeburúa, 2010). En este sentido, tampoco ayuda mucho que los medios de comunicación victimicen categóricamente a las mujeres y que criminalicen ilimitadamente a los hombres. Hay mujeres maltratadoras (tampoco se habla de las mujeres que mueren a manos de sus parejas femeninas, otro expediente X), hay mujeres que asesinan a sus parejas (hombres y mujeres) pero la sociedad se empeña en ocultar estos datos y vendernos que solo el hombre maltrata y mata. Están cometiendo un grave error. En España mueren anualmente alrededor de treinta hombres.

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ine-2015 HM

Estadística de Violencia Doméstica y Violencia de Género Año 2015

Pero no solo los medios de comunicación actúan así: nosotros también. Si, habéis leído bien. Nosotros también. ¿Qué ocurre si vas por la calle y observas que un hombre está ejerciendo violencia física contra una mujer, o está agrediéndola verbalmente? Probablemente, sino tú, si otra persona intervendrá defendiendo a la víctima. Pero ¿y si es el hombre quién está siendo golpeado, insultado y humillado en plena calle? Surgen las sonrisas, los codazos, la mofa y nadie se acercara, porque no lo ven como víctima, sino como un “pobre pelele” o un calzonazos. Este es el gran problema porque el que muchos hombres ya están pagando. Podéis comprobarlo en este video.

CONCLUSIONES

La violencia ejercida sobre el hombre o sobre la mujer, tanto de parejas heretosexuales y homosexuales, debería tener solo el nombre de VIOLENCIA O MALTRATO y ambas conductas deberían estar castigadas del mismo modo y no imponer “penas sexuadas” dependiendo de quién sea el victimario. Evidentemente, no podemos negar la realidad matemática que avalan estas conductas y que demuestran que mueren muchas más mujeres a causa de la violencia en la pareja (VG) o ya de su expareja que hombres (VD). Pero no se trata de que dar más importancia a la victimización femenina porque haya un mayor número, sino que se trata de evitar y dar el mismo trato a las víctimas masculinas. Esos hombres que apenas salen dos segundos en las noticias, esos hombres que no tienen derecho al recuerdo, esos hombres por los que nadie guarda un minuto de silencio, esos hombres que por el mero hecho de ser hombres son tratados como víctimas de segunda, como si su vida valiera menos que la de una mujer que ha muerto por las mismas circunstancias: la violencia familiar.

Mi pregunta es ¿Por qué se victimiza más a la mujer y se la trata como víctima estrella y se criminaliza mediáticamente más al hombre y se ignora su muerte? ¿Por qué la muerte de un hombre a manos de su pareja o ex pareja no es noticia? Tengo varias respuestas, todas ellas políticamente incorrectas, dónde el dinero, los intereses, las subvenciones o simplemente la caza de brujas masculina forman parte de ellas.

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BIBLIOGRAFÍA:

[1] Una conducta nunca puede ser delito, o no serlo, dependiendo del grupo al que pertenece el individuo que lo comete. Es lo que se denomina delito de autor, una aberración jurídica que se creía extinguida desde la caída de los regímenes totalitarios del pasado siglo. Fuente: http://vozpopuli.com/analisis/78037-la-violencia-de-genero-una-moderna-caza-de-brujas

[2] Discriminación positiva, consistente en prever una penalidad superior para los hechos de violencia, lesiones, amenazas y coacciones si los mismos son realizados por un hombre contra su pareja o expareja de sexo femenino. Se basa en la presunción de que las mujeres experimentan una desigualdad y unas características de vulnerabilidad que la ley debe equilibrar.

[3] La sentencia del Tribunal Constitucional (TC) 59/2008, de 14 de mayo, resolviendo una cuestión de inconstitucionalidad, planteada por el Juzgado de lo Penal núm. 4 de Murcia, en relación con el art. 153.1 del Código Penal (CP), en el que se castigan más gravemente las lesiones leves causadas por un hombre sobre una mujer que las provocadas por ésta contra un hombre -que sea o haya sido su pareja sentimental-, ha resuelto, por una mayoría de siete votos contra cinco, que ese precepto no es contrario a la Constitución Española (CE). http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-T-2008-9606

[4] Richard J. Gelles, pionero y autoridad mundial en el estudio de la violencia familiar, fue el primero en presentar datos epidemiológicos sobre la violencia en las parejas norteamericanas, demostrando que un grupo importante de varones eran víctimas de estas experiencias. En España, el estudio de revisión de González, Muñoz y Graña (2003) o el trabajo empírico con parejas de estudiantes universitarios de Muñoz, Graña, O’Leary y González (2007), muestran resultados muy similares en los que, como mínimo, se observa que en la mayoría de casos la violencia en la pareja es un acto bidireccional.

© Paz Velasco de la Fuente 

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