¡VIVA LA HISPANIDAD, VIVA ESPAÑA, UNA, GRANDE Y LIBRE!

El profundo odio, la enorme aversión a España de la izquierda y el complejo de culpa e inferioridad de la derecha.

En el territorio que durante siglos y siglos se llamaba Iberia, o Península Ibérica, y que los antiguos romanos bautizaron con el nombre de Hispania, y respecto del cual tenían la convicción de que era el “finis terrae”, viven actualmente unas gentes que reniegan de su pasado, de sus ancestros y de las gestas de sus antepasados, de sus tradiciones, aborrecen y denostan sus símbolos, hasta su idioma… estoy hablando de los “estepaisanos”, los “estepaisanos” que hasta hace unas cuantas décadas se hacían llamar españoles, y llamaban a su nación con el nombre de “ESPAÑA” y que ahora nombran como “estepaís”.

Sin duda, España es “diferente”, «Spain is different!» tal como decía el eslogan de los años 60 del siglo pasado, con la intención de promocionar la “marca España” en aquellos tiempos de aislamiento internacional.

Sí, para empezar se ha llegado a tal situación que una multitud de españoles hasta reniega del vocablo “España” y utiliza también multitud de eufemismos, con tal de evitar llamar a nuestra nación por su nombre, el más estúpido a la vez que común es el eufemismo de “estepaís” que se repite hasta el hartazgo, hasta aburrir, sea por boca de los políticos profesionales (especialmente los “nacionalistas” de las diversas taifas hispánicas), por boca de sindicalistas, por boca de tertulianos, aduladores, trovadores de toda clase y condición, y hasta por boca del común de los españoles.

España, la patria común de todos los españoles, es una Nación que existe hace muchos siglos (aunque algunos historiadores no se pongan de acuerdo respecto de cuándo comienza la andadura de España como Nación) y sin embargo son también legión los que influidos por los “nacionalistas” de las diversas taifas, y las gentes que se hacen llamar de izquierdas no paran de cuestionar todo lo que a nuestra nación haga referencia, sea su bandera, sea su himno, sea su lengua, la lengua común de todos los españoles, sean sus señas de identidad, sea su Historia <Historia de la que, si de otra nación se tratara es seguro que se sentirían orgullosos, la ensalzarían y se jactarían, sin lugar a dudas>; e incluso son también legión los que van más allá y consideran que España y los españoles debemos avergonzarnos, pedir perdón, y una enorme cantidad de cuestiones más, por todo lo que hicieron –o dejaron de hacer- nuestros antepasados, pues al parecer de todos los que abominan de España y cuanto sea calificable de español, no hay nada que celebrar ni de lo que sentirse orgullosos, pues nuestros antepasados más o menos cercanos, fueron poco menos que, lo más malvado que ha parido madre, una raza maldita, los culpables de todo lo malo de este mundo, pretérito, presente y tal vez por venir, y por supuesto los españoles no hemos hecho otra cosa que causar sufrimientos terribles, tragedias, genocidios con otros pueblos del orbe. A algunos poco les falta para decir que mejor sería inmolarse, que seguro que el resto de los habitantes del planeta nos lo agradecería… por supuesto, además consideran que tenemos contraída una “deuda histórica” de la que a su parecer debemos hacernos responsables los españoles actuales.

Inmersos en esa vorágine, en ese torbellino autodestructivo, si algo ha caído en desgracia es hablar de España como Patria, y ya el remate del tomate es tener la osadía de hablar de España Una, Grande y Libre; pues los que reniegan de España consideran que hablar de esa “triada” es propio de nostálgicos del régimen franquista, y quien tenga la osadía de usar alguna, o las tres palabras será corrido a gorrazos y linchado públicamente, o condenado al ostracismo, al suicidio civil.

Claro que si se usan por parte de los caciques y oligarcas de las diversas taifas entonces sí está permitido y es signo de progreso. Llama la atención que, muchos de ellos hablen de “Barcelona en común”, o “Madrid en común”, pongo por caso, pero nunca hablan de “ESPAÑA EN COMÚN”.

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Hoy, 12 de octubre, Día de la Hispanidad, de la Fiesta Nacional, día del Pilar, patrona de la Guardia Civil; me voy a permitir reivindicar la triada “España Una, Grande y Libre”, sin complejos, sin rodeos y sin circunloquios.

¿Alguien tiene alguna objeción?

¿Qué tiene de malo afirmar que España es una realidad histórica; una entidad, verdadera, cierta, incuestionable; por qué hay que negar lo evidente?

Somos muchos los españoles que no tememos complejos, no pedimos perdón, ni nos avergonzamos de decir alto y claro que para que España salga de su actual situación de postración, tiene que ser liberada de quienes pretenden destruirla; somos muchos los que pensamos que, esta tarea pasa por desbaratar el llamado “estado de las autonomías” y re-centralizar todas las competencias que fueron transferidas en las últimas décadas a los gobiernos regionales, especialmente lo que concierne a la enseñanza, la sanidad y la justicia.

Recuperar la Unidad de España pasa necesariamente por recuperar el Estado Unitario, recuperar la Unidad de Mercado, crear una sola oficina de contratos y compras de bienes y servicios (eliminando las 17 de las 17 taifas regionales y limitando la capacidad de contratación y compra de los ayuntamientos y siempre bajo la supervisión de la oficina central) pues ese es el único camino que conduce a hincarle el diente al principal problema que ocupa y preocupa a los españoles: la corrupción que, no solo es material o política, también ha derivado en corrupción moral y eso es lo más preocupante sin lugar a dudas.

 La recuperación de la Unidad de España exige también regenerar la Justicia, lo cual pasa porque se implante, también, una estricta separación de poderes y que todos los españoles, independientemente de su nacimiento, vecindad, sexo, u otra circunstancia personal volvamos a ser iguales en derechos y obligaciones, iguales ante la ley.

¿Qué tiene de malo afirmar que España es una realidad plural debido a los individuos, a las clases sociales, y a los grupos que la integran, y que todos esos ingredientes son enriquecedores? ¿Qué tiene de malo afirmar que los españoles somos tal cual somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, con nuestras riquezas y nuestras carencias, con todo lo que hemos sido capaces de lograr y con todo lo que aún deberíamos intentar conseguir?

Hablar de volver a hacer Grande a España no tiene por qué ser interpretado con un planteamiento nostálgico de “imperio” o intenciones expansionistas, o cosas del pasado, sino de elevación de la autoestima y la autoeficacia, y del logro de la excelencia moral y en todos los ámbitos de la vida.

Los partidos socialdemócratas y comunistas, con la complicidad entusiasta de gran parte de la derecha, después de años de reabrir heridas, aprovechando la ignorancia de muchos de nuestros ciudadanos, y sembrar odio en nombre de una sectaria Memoria Histórica, adoctrinando en los centros de estudio y remachando en las televisores, han logrado que incluso los más jóvenes asocien la unidad y la grandeza de España a las tinieblas de un pasado carca, rancio, autoritario, opresor y fascista.

 Y, “casualmente” una gran parte de esos ideólogos resentidos, antifranquistas sobrevenidos, que se identifican, más de 70 años después, con los perdedores de la Guerra Civil, son descendientes, hijos y nietos de significados dirigentes del franquismo.

Según la izquierda española (aunque les pese lo de “española”), caracterizada fundamentalmente por un odio profundo y una enorme aversión a todo lo que tenga que ver con España, según los progresistas patrios, la Nación Española, España no existe.

Les importa un bledo que, los romanos (todavía no se les ha ocurrido decir que deben pedirnos perdón sus descendientes, y que tienen contraída con nosotros una “deuda histórica” que debería reparar, pero todo tiene su tiempo), decidieran hace más de 2.000 años crear una provincia en nuestro territorio, a la que denominaron Hispania.

Tampoco les importa demasiado que los visigodos, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, crearan el “Reino de España” y decidieran que su capital fuera Toledo; o que los Reyes Católicos (¡Uf, a menudos he tenido la ocurrencia de nombrar y traer a la memoria!), reyes de Castilla y Aragón, agruparan en una nación, llamada España, para siempre, a catalanes, gallegos, extremeños, aragoneses, andaluces, asturianos, etc.

¡Qué importa si el señorío de Vizcaya se unió al reino de Castilla voluntariamente hace más de 1000 años!

Poco o nada importan las hazañas de aquellos vascos de nombre Juan Sebastián Elcano, o Legazpi, o Blas de Lezo, al servicio de la Corona Española, del Imperio Español… poco importan los muertos catalanes o andaluces o navarros en el desastre de Annual, o la derrota de Alarcos, o las victorias de las Navas de Tolosa o en la batalla de Lepanto.

Picasso, Dalí, Buñuel, Ortega y Gasset, santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz, Cervantes, Velázquez, García Lorca, Severo Ochoa, el valle de Arán, la serranía de Cuenca, la sierra Morena, el Teide y el monte Perdido, la Peña de Francia, el Ebro o el Tajo, la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la catedral de Burgos o la Catedral de Santiago de Compostela, las Cortes de Cádiz (y ¡Viva la Pepa!), las guerras carlistas, la primera república, y la restauración monárquica, y la dictadura del General Primo de Rivera, y la segunda república, y la Dictadura del General Franco…. Y por supuesto, también la conquista de América,… la jota, las sevillanas, la muñeira, y la sardana, la tortilla de patatas, el gazpacho, la paella, el pisto manchego, las corridas de toros, Manolete, y “el Cordobés”, y los empalaos de la Vera, las procesiones de Semana Santa, el Betis y el Sevilla, el Atleti y el Real Madrid, y el Barça, y la selección nacional de fútbol, y la RENFE, y la Telefónica, y Zara… y el cierzo y la tramontana… todo ello y mucho más, es España, pero para la izquierda española, y para la derecha boba y los asiduos tertulianos de las diversas televisiones, y hasta para el “hombre del tiempo” de televisión, es solamente «estepaís» o como mucho «el Estado Español».

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Este 12 de octubre, pese a que algunos renieguen de su españolidad, pese a que algunos lo consideren algo rancio, cosa antigua, hasta propio de franquistas y lindezas por el estilo; seremos muchos los españoles que celebraremos la Fiesta Nacional, en conmemoración de aquel día en el que, unos ESPAÑOLES descubrieron y triunfaron en América, posiblemente una de las mayores gestas, si no la que más, que hayan conocido los siglos, y de lo cual no debemos sentir culpa de ninguna clase, sino muy al contrario, es algo de lo que debemos sentirnos muy, pero que muy orgullosos.

El 12 de octubre es día de hacer ondear nuestra bandera, de colgarla de nuestros balcones, de sentirse orgullosos, afortunados de ser españoles, de manifestar claramente que no estamos dispuestos a consentir que unos cuantos, con el apoyo de la izquierda, y la derecha boba y cobarde, destruyan lo que nos legaron nuestros mayores, nuestros ancestros, que no vamos a consentir que destruyan la patria común de todos los españoles…

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Hoy es nuestro día, el día de España y de todos los españoles. Hoy es un día para celebrar todo lo que nos une, y olvidar, aunque sea por un día, lo que nos separa; hoy es un día para estar orgullosos de todo lo que nuestra nación ha aportado a la humanidad. Sí, hoy es un día para celebrarlo con nuestros compatriotas.

Hablar de conseguir una España Libre es hablar de liberar a España de la situación de sojuzgamiento, de servidumbres indeseables a las que está sometida nuestra Patria, y lo estamos todos los españoles; es hablar de que los españoles cojamos las riendas de nuestros destinos, de nuestras vidas, sin tutelas de clase alguna, como personas adultas que, optan, deciden, actúan y se hacen responsables de sus actos.

Y antes de finalizar mi artículo, permítaseme recordar que para que España sea una Nación Libre es imprescindible acabar con las múltiples formas de clientelismo, parasitismo, y etc. existentes en todos los ámbitos del régimen oligárquico caciquil, y darle prioridad a la capacidad y el mérito, frente a la mediocridad reinante; y por supuesto, acabar con los aforamientos y con las jugosas subvenciones que reciben los partidos, sindicatos y “oenegés” diversas, procedentes del erario público, del dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes.

¿Acaso lo deseable es que los españoles estemos desunidos, empequeñecidos, disminuidos y sometidos?

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 “La nación más fuerte del mundo es sin duda España, los españoles llevan siglos intentando destruir su propia nación, y nunca lo han conseguido. El día en que dejen de intentarlo volverán a ser la vanguardia del mundo”. Otto Von Bismarck.

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

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