El origen de la desigualdad: por qué en España unas regiones son más ricas que otras

Carlos Sánchez

Escuela aspira. : Foto de stock

¿Por qué Madrid, Cataluña o el País Vasco son más ricas que Extremadura o Andalucía? Una respuesta meramente intuitiva diría que por su política fiscal, por la eficiencia de su sistema productivo, por sus instituciones o, incluso, por las políticas de Estado, que han beneficiado a unas regiones frente a otras por razones ideológicas o de pura conveniencia electoral. Sin embargo, hay una causa mucho más relevante que explica el origen histórico de la desigualdad regional, y que tiene que ver con la educación.

Resultado de imagen de Fotos de España vacía

Aunque pueda resultar sorprendente, habida cuenta de las intensas transformaciones sociales y económicas que ha sufrido España en los últimos 150 años, las actuales desigualdades regionales se corresponden, casi miméticamente, con las distancias que había a mediados del siglo XIX en tasas de alfabetización.

Es decir, que es la educación lo que ha determinado la posición de cada comunidad autónoma en la distribución territorial de la riqueza, y sigue siendo muy desigual (la convergencia se ha frenado desde los años ochenta). En concreto, la región más rica de España, Madrid (128 sobre una media de 100 en la UE-28), prácticamente duplica la renta per cápita de Extremadura, la región más pobre, que se sitúa en niveles claramente inferiores a la media europea (65).

Esa conclusión aparece en un estudio publicado por el Banco de España que sostiene que “el nivel educativo medio en 2001 está claramente correlacionado con las tasas de alfabetización de 1860”, ejercicio especialmente relevante porque tres años antes se aprobó la célebre ley Moyano, que supuso la primera legislación sobre instrucción pública, y que se aplicó sobre un territorio donde muy pocos conocían ‘las cuatro reglas’, lo que en buena medida explica el ‘atraso español’, que una parte de los historiadores ha situado en el papel de la Iglesia y de las instituciones públicas. En España, al contrario de lo que sucedió en los países protestantes, las parroquias no alentaban la escolarización de los feligreses.

Leer y escribir

En Alemania o Reino Unido, en 1870, por ejemplo, alrededor del 80% de la población adulta sabía leer y escribir, mientras que en España (al igual que en Italia) las tasas de alfabetización rondaban el 30%. Es más, España ocupaba el puesto número 20 del ‘ranking’ de los países para los que se cuenta con este tipo de información, justo por debajo de Bulgaria y de Uruguay. España, en concreto, con un promedio de 1,5 años de escolarización, se situaba muy por detrás de otras naciones europeas como Suiza (6,1), Alemania (5,4), Francia (4,1) o el Reino Unido (3,6).

Poniendo el foco en las regiones y no en el conjunto del Estado, el resultado es, igualmente, ilustrativo. Así, en 1860, la tasa de alfabetización en provincias como Almería alcanzaba tan solo al 14%, mientras que en Álava la población mayor de 10 años capaz de leer y escribir llegaba al 53%.

El estudio ha sido elaborado por cuatro investigadores, J. Beltrán-TapiaAlfonso Díez-MinguelaJulio Martínez-Galarraga Daniel A. Tirado-Fabregat, y demuestra que el origen de la desigualdad regional en España se sitúa en las primeras etapas del desarrollo, cuando amplias capas de la población eran analfabetas, lo que explicaría que “las diferencias actuales en la dotación de capital humano regional ya estaban presentes en ese periodo”.

Así, por ejemplo, Castilla y León y los territorios próximos de Cantabria, Álava y Navarra eran los que presentaban, a mediados de siglo XIX, los mayores niveles de alfabetización. Mientras que, en el otro extremo de la distribución, se situaban las provincias del sur (en Andalucía, Castilla-La Mancha o la Comunidad Valenciana), junto con las del extremo noroeste de la Península (Galicia y Asturias).

Lógicamente, a medida que el desarrollo del país se fue consolidando, también lo hicieron los nuevos sistemas educativos, lo que favoreció la convergencia regional. De hecho, después de los años cuarenta, ya una muy amplia porción de los españoles sabía leer y escribir. El resultado, como aseguran los autores del estudio, es que “en paralelo al avance del proceso alfabetizador, la desigualdad territorial registró una tendencia decreciente”.

Imagen relacionada

Mujeres y escuela

En concreto, la desigualdad en términos de tasa de alfabetización cae más de un 50% entre 1860 y 1930, y es incluso mayor en el caso de las mujeres, que a lo largo de buena parte del siglo XIX estuvieron excluidas del sistema educativo, tanto público como privado, fundamentalmente en los centros tutelados por la Iglesia.

El estudio sostiene que ese avance tuvo más que ver con la creación del Ministerio de Instrucción Pública que con la Ley Moyano, ya que la creación de un departamento gubernamental favoreció la financiación. Aun así, el artículo 102 de la Ley Moyano indicaba que los pueblos menores de 500 habitantes debían tener al menos una escuela (ya fuera completa, incompleta o de temporada).

Ese desarrollo, sin embargo, fue poco homogéneo. Como dice el estudio, la implantación del sistema educativo fue mucho mayor, y más eficaz, en aquellas regiones ya en vías de desarrollo (como, por ejemplo, Cataluña, que ocupaba una posición intermedia en el ‘ranking’ español de alfabetización) que en las atrasadas (por ejemplo, Extremadura o Galicia, que ocupaban las últimas posiciones de la clasificación).

Imagen relacionada

La conclusión que saca el estudio es diáfana. Existe una elevada relación entre los niveles de alfabetización de 1860 y el nivel medio de estudios de la población adulta en 2001 (la correlación entre ambas variables es del 52%). Esta relación, se insiste, “se mantiene casi intacta” incluso cuando se controla por la estructura productiva de cada partido judicial en 1860 (en este caso, medida por la importancia de las manufacturas y de las profesiones liberales en la población activa).

Es más, teniendo en cuenta que entre ambas fechas han transcurrido prácticamente 150 años, con todo lo que eso conlleva (incluida la masiva migración campo-ciudad), este resultado “es desde luego digno de resaltar”, aseguran los autores del estudio, para quienes “de aquellos barros, estos lodos. Las raíces de la situación actual hay que buscarlas en sus causas históricas”.

Fuente: El Confidencial

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s