Pedro Sánchez, experto en hablar mucho y no decir nada.

El actual presidente del gobierno de España, en medio de una crisis de salud pública nunca antes conocida, la única solución que se le ha ocurrido es entretener con discursos huecos, plagados de palabrería, de retórica vacía, a la mayoría de los españoles que, permanecen enclaustrados en sus casas, de manera forzosa y contra su voluntad, tras decretar el “estado de alarma”, para combatir (con la intención de ganar, dice) al coronavirus… Pedro Sánchez ha derivado a lo que el cómico mejicano, Mario Moreno Cantinflas denominaba “inflación palabraria”, es decir, el lenguaje pomposo como forma de mantener y reforzar su estatus.

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Y mientras  Sánchez se dirige a los españoles a través de las televisiones, para no decir nada, salvo para demostrar que, al parecer no tiene abuela, el número de contagiados sigue aumentando de manera aterradora, y él, tan campante, sigue sin tomar las medidas más elementales, tales como aprovisionar a los sanitarios y a las fuerzas de seguridad del estado y a las fuerzas armadas del material y la equipación necesarios para evitar contagiados; u ordenar que se realicen tests de forma generalizada al mayor número de españoles posible, de tal manera que se acabe detectando a los españoles que están infectados, sean sintomáticos o asintomáticos, y así evitar que el coronavirus siga propagándose.

Después de más de una semana de confinamiento, el gobierno sigue ocultando información, desinformando, y lo que es más grave: sigue sin saber (y al parecer no quiere saberlo) cuántos españoles están realmente infectados; los expertos afirman que en estos momentos en los que el gobierno maneja la cifra de treinta y tantos mil, en realidad son más de cien mil -100.000- ya que, la tasa de mortalidad española es cuatro veces superior a la de otros países.

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Al parecer, para los canallas que nos mal-gobiernan lo peor no es que haya una alta tasa de contagios y muertes por un virus que se infravaloró; sino que se acabe sabiendo por parte de los españoles la cifra real de muertos.

La actitud del gobierno frente-populista, apoyado de forma entusiasta por los medios de manipulación de masas a los que riega generosamente con dinero de todos los contribuyentes; me recuerda el experimento que llevó a cabo el físico Alan Sokal en 1996, para demostrar el efecto persuasor que se puede conseguir con palabrería, con charlatanería, utilizando un léxico absurdo.

Alan Sokal publicó un artículo para la revista norteamericana Social Test con un título memorable que ha pasado a la historia de la pedantería: “Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravitación cuántica”. En él pontificaba con lenguaje ininteligible acerca de todo lo que se venía a la cabeza: psicología, sociología, antropología… A pesar de que se trataba de un pastiche sin sentido alguno, copiado y pegado de textos que hablaban de temas diferentes, el artículo fue aceptado por el Comité de Selección. Y lo más cómico del asunto es que acabó recibiendo comentarios enormemente elogiosos de los lectores, que alababan, entre otras cosas, su “claridad de expresión”.

Un mes después, el autor del engendro confesó el engaño: todo era una broma, nada de lo que se decía en el artículo tenía pies ni cabeza, no había en todo el texto ninguna teoría, dato o ápice de información real. Sin embargo, el prestigio del autor podría haber subido si no hubiera hecho esa confesión.

El “Escándalo Sokal” (así se denominó a los efectos del experimento) revolvió la cultura académica y puso de manifiesto que la pedantería vacua es otro de los usos posibles del lenguaje como arma de poder. Las palabras grandilocuentes –aunque nadie las entienda– realimentan el poder intelectual: se imponen como argumento de autoridad, y al mismo tiempo aumentan más todavía la autoridad de quien las utiliza.

Pedro Sánchez sabe que sólo hay una manera de no ser criticado: hablar sin decir nada. Por eso, (aparte de ignorar, o tratar de silenciar a los medios que no le son afines) utiliza un lenguaje manipulador, recurriendo generalmente al sentimentalismo tóxico, recurriendo, también a lo que muchos denominan “frases humo”, expresiones sin contenido que, parecen afirmar algo pero, respecto de las cuales, nadie de quienes lo escuchan entiende lo mismo.

Las expresiones que utiliza Pedro Sánchez perfectamente pueden ser asumidas por asesinos en serie, por abusadores, o por políticos corruptos. El presidente del gobierno consigue con la ambigüedad calculada que utiliza, que quien lo escucha, cree estar de acuerdo con su mensaje, aunque en realidad discrepe con lo que está diciendo… Claro que, también hay quien desconecta al cabo de un rato, y toma su discurso como el que oye llover.

Como afirmaba anteriormente, Pedro Sánchez es amante de las frases vacías, une las palabras con apariencia de mensaje, aunque realmente no cumplan la función fundamental de comunicar algo al sufrido receptor… Pedro Sánchez emplea un discurso aparentemente en­ci­clo­pé-di-co, supongo que sacado de su “tesis doctoral cum fraude”, su perorata es una retahíla de banalidades, de vagas y falsas promesas que, en muchos acaban provocando bostezos.

 “Estamos tra­ba­jan­do en esa dirección”, “sabemos cuál es el pro­ble­ma, y no tengan duda algunas  que actuaremos con contundencia”, “hemos tr­a­za­do una estrategia al respecto”, “des­preo­cú­pese, que ya le estamos hincando el diente a todo lo que a ustedes les preocupa”…

Pedro Sánchez hace uso de las mismas artimañas, de las prometedoras respuestas que usaría cualquiera que pretende salir del paso, rehuyendo su responsabilidad, evadiéndose, tratando de salir airoso de un callejón sin salida en el que se ha metido él solito, debido a sus reiterados incumplimientos e inexcusables negligencias.

Por otro lado, Pedro Sánchez, con su actitud de charlatán de feria, o de mercadillo, con su palabrería, parece que desconoce la famosa frese de Cervantes «sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo». Y digo esto porque, otra manía del presidente del gobierno es la de hacer discursos kilométricos, a la manera de su idolatrado Fidel Castro.

Aunque España y los españoles estemos sufriendo unas circunstancias terribles, también cabe un momento para el humor, es por ello que, aprovecho para recomendarle a Pedro Sánchez y a todos aquellos trovadores y aduladores que le hacen el caldo gordo, que lean las recomendaciones que siguen, así podrán escribir, y luego soltar, discurso tras discurso, pese a que no tengan nada que contar.

El procedimiento es muy simple:

Hay que comenzar por la primera casilla, de la primera columna y, continuar con una frase de la segunda columna, y así sucesivamente, sin seguir un orden concreto…  Quien siga este método, logrará un espléndido discurso perfectamente válido para abordar cualquier asunto. Lo  más probable es que quien lo escuche no logre entender nada, pero (y he ahí lo importante) nadie será capaz de rebatir sus “argumentos”…


Ejemplo práctico:

La práctica de la vida cotidiana prueba que un relanzamiento específico de todos los sectores implicados asegura en todo caso un proceso muy sensible de inversión. Y de toda una serie de criterios ideológicamente sistematizados en un frente común de actuación regeneradora. Pero pecaríamos de sinceros si soslayásemos que el proceso consensuado de unas y otras aplicaciones deriva en una directa incidencia superadora de las básicas premisas adoptadas.

No es indispensable argumentar el peso y la significación de estos problemas, ya que nuestra actividad de información y de propaganda garantiza la participación de un grupo importante en la formación de las direcciones educativas en el sentido del progreso.

 Sin embargo no hemos de olvidar que el aumento constante en cantidad y en extensión de nuestra actividad nos obliga a un exhaustivo análisis de las actitudes de los miembros hacia sus deberes ineludibles…

Y si Pedro Sánchez, o quien le escribe sus discursos -Iván Redondo- no tienen suficientes ingredientes, les propongo que haga uso de lo que el norteamericano Phillip Broughton denominó «Proyector Sistemático de Frases Cohete.

Podrán sustituir cualquiera de las frases del anterior método, por expresiones del «Proyector…», de esa manera, lograrán unos discursos cargados de incuestionable autoridad. Lo más seguro es que, nadie tendrá la más remota idea de lo que Pedro Sánchez esté diciendo, pero –y esto es lo verdaderamente importante– nadie estará dispuesto a reconocerlo.

Como antes decía, sustituyendo cualquier frase de la anterior tabla por un sintagma generado por el «Proyector Sistemático de Frases Cohete» el galimatías alcanzará proporciones galácticas, cósmicas…

Y, si se quiere seguir «rizando el rizo», se pueden fabricar más tablas de «palabras y frases cohete», me despido con una tabla a medias que seguro que cualquiera de ustedes es capaz de completar con su creatividad, es más, nunca olviden que el enclaustramiento forzoso agudiza el ingenio…

En fin, ¡Qué el aislamiento les sea leve!

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

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