Los riesgos para la salud de los alumnos si se reabren los centros de estudio en septiembre.

Quedan apenas dos meses para que en España comience el curso escolar, tanto en los parvularios como en las enseñanzas primaria, secundaria y universitaria; y a estas alturas nadie sabe qué va a pasar y cuáles son los planes del gobierno socialcomunista, frentepopulista, de Pedro y Pablo (si es que tiene algún plan).

Día tras día hablo con profesores (no se olvide que soy profesor ya jubilado) y todos están inquietos, por la salud de los alumnos y por la suya propia, debido a la pandemia del coronavirus. En medio de esta incertidumbre, me he encontrado con un artículo de Gabriela Calderón de Burgos, publicado por https://www.elcato.org que considero que es de lectura obligatoria.

Sin más preámbulos, ahí va:

La discusión acerca de la re-apertura de los colegios debe estar basada en una apreciación lo más objetiva posible de los costos y riesgos implícitos. Esta semana quiero exponer los riesgos de re-abrir los colegios.

Primero, no todas las personas son igual de susceptibles a contagiarse del virus. Un estudio de Nature Medicine analizó datos epidemiológicos de China, Italia, Japón, Singapur, Canadá y Corea del Sur y concluyó que la población menor de 20 años tiene una probabilidad 50% menor de infectarse que el resto de la población. Esto coincide con el resultado de otro estudio realizado en Islandia. Una hipótesis de por qué esto sería así es que los niños tienen menos receptores ACE2, los cuales el nuevo coronavirus utiliza para introducirse en las células.

Si los niños tienen menos riesgo de infectarse, es menos probable que sean los super-propagadores que se pensaba que eran. Además, incluso cuando se llegan a contagiar, los niños parecen ser menos proclives a contagiar a otros. Una investigación en Países Bajos concluyó que los niños son menos proclives a contagiar a otros que los adultos

Varios países europeos han re-abierto las escuelas y no han experimentado re-brotes dentro de estas. El Center for Global Development reportó hasta mediados de junio que “sigue siendo cierto que los países que re-abrieron sus escuelas 25-30 días después de su pico (de infección) no suelen mostrar un cambio en la tendencia de nuevos casos”.

Incluso si los niños se llegan a infectar, ¿qué tan probable es que tengan síntomas severos? Según datos de Corea del Sur, España, Italia y China, la tasa de mortalidad para los niños de 0-9 años es de 0% y de entre 0% y 0,2% para la población de 10-19 años. Por otro lado, una minoría de los que se llegan a infectar tienen síntomas, un grupo todavía menor de estos requieren hospitalización. Por ejemplo, en Atlanta, Georgia, solo 2% de los infectados eran niños y solo 5,7% de ese 2% requirió hospitalización. Una explicación de por qué el COVID-19 es mucho más ligero en los niños es que estos tienen vasos sanguíneos mucho más sanos que personas mayores.

Por todas estas razones y otras, la Academia Americana de Pediatría, que suele ser conservadora en sus opiniones, sorprendió recientemente declarando que era urgente que los estudiantes puedan volver a clases presenciales porque los costos superan con creces los riesgos mínimos implícitos: “Las políticas para mitigar la propagación del COVID-19 dentro de las escuelas deben ser equilibradas frente a los daños conocidos para los niños, los adolescentes, las familias y la comunidad de mantener a los niños en casa . . . los diseñadores de políticas públicas deberían reconocer que las políticas para el COVID-19 tienen la finalidad de mitigar, no eliminar, el riesgo. No hay acción alguna o conjunto de ellas que pueda eliminar completamente el riesgo de transmisión del SARS-CoV-2, pero la implementación de varias intervenciones coordinadas puede reducir considerablemente ese riesgo”.

En Ecuador, este mes estarán abiertos en casi todo el país establecimientos como centros comerciales, cines, restaurantes y teatros. ¿Y los niños? El gobierno debería descentralizar la decisión acerca de la re-apertura de los colegios así como lo hizo con otras actividades.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 10 de julio de 2020.

Gabriela Calderón de Burgos

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